domingo, 8 de diciembre de 2024

Trabajo hasta en mis días libres (historia de terror)


No sé porque pasa esto. No sé qué le pasa al sistema. Se supone que es mi tiempo de descanso.

Me despierto con el cuerpo adolorido, como si una gran presión estuviera inundando mi pecho. La luz del exterior me ciega por un momento, como si nunca la hubiese visto.

Recuperando la vista, aunque en blanco y negro por la presión, decido ir al trabajo. “Carajo, el jefe me dijo que no llegue tarde otra vez.” Como odio a ese idiota, siempre dice lo mismo, como si realmente le importara mi estancia ahí.

Caminando, lento y torpemente por la ceguera alcanzo a ver que las personas a mí alrededor están mirándome, unos con lástima, otros con miedo y algunos huyen.

Un sujeto me amenazó con cuchillo en mano, suplicando que no le hiciera daño a él y a su hija. Me quedé intrigado pero decidí ignorarlo y continuar mi camino.

Al llegar a la oficina, mis compañeros se asustaron, unos se desmayaron y algunos gritaron de miedo. Además de cubrirse la nariz, diciendo que yo estoy provocando ese hedor, y mientras más me acerco a la oficina del jefe, siento que mi cuerpo se empieza a cortar; siento como los dedos de mis manos se hinchan, mis ojos empiezan a arder, casi pierdo la movilidad pero ya estoy aquí. Cerca de la puerta oigo a ese bastardo al otro lado decir; “Otra vez tarde, estás despedido.”

Al terminar de escucharlo, mis piernas no soportan más y me caigo. No sé porque me hace esto, sólo exige y exige, pero él lo sabe y no lo quiere aceptar. No quiere aceptar que, tengo 2 meses de MUERTO.

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domingo, 24 de noviembre de 2024

Las hermanas Mer-Maid (historia de terror)


Miriam, una chica de 15 años, se encuentra viendo el video más reciente de Ariana Mer-Maid, su youtuber favorita, cuando de pronto siente la incontrolable necesidad de lastimarse y comienza a realizarse cortes en los brazos, lo cual le provoca un profundo sangrado y, como consecuencia, cae desmayada en su cama, tiñéndola de un rojo oscuro y penetrante.

En otra parte de la ciudad, Abraham, un chico de 16 años está a punto de aventarse del quinto piso de su edificio de apartamentos, mientras en su celular se encuentra escuchando a Karina Mer-Maid, quien es hermana de Ariana y tiene un podcast muy famoso en Internet. El tema de esta noche es: “Cuando no hay motivos para seguir”.

Y desde la playa de aquel lugar, Minerva, una joven de 18 años, está a punto de sumergirse al mar, aún sin saber nadar, mientras en sus auriculares reproduce la canción “En la ola de la perdición” de Alexa Mer-Maid, su cantante favorita. Sí, Alexa es la hermana mayor de Miriam y Karina.

Parecieran casos aislados pero casi todos los suicidios que han estado sucediendo en “Playa Celeste” tienen algo en común: LAS CHICAS MER-MAID.

Estas hermanas llegaron al pueblo 2 meses antes de que comenzaran los suicidios.

Ya son 13 casos confirmados de suicidio en donde, de alguna u otra manera, las hermanas están presentes, pues las víctimas se encontraban viendo sus videos, escuchando sus audios u oyendo sus canciones mientras cometían el acto.

Los padres de familia, horrorizados, comenzaron una campaña de veto y desprestigio contra las hermanas, quienes se defendieron, argumentando que su trabajo no es dañino, sino que los jóvenes tenían muchos problemas, a los cuales ellos como padres no supieron atender.

Pero aún así las artistas decidieron dejar la ciudad, para evitar confrontaciones y emprendieron viaje a “Playa Ensueño”, la ciudad vecina, que también está ubicada frente al mar.

Para las autoridades del pueblo las quejas de los padres resultaron infundadas, pues nadie puede obligarte a cometer suicidio… ¿o sí?

Para todos esto es una locura, menos para Ricardo Estrella, un detective que también perdió a su hijo por suicidio con un balazo en la cabeza. Él y su hijo se amaban y llevaban una vida tranquila, hasta que las hermanas llegaron y “lo enloquecieron”.

La actitud de las hermanas era digna de admirar, pues se la pasaban conviviendo con su público, incluso hacían convivencias y regalaban cosas, entre ellas una bonita pulsera en forma de cola de sirena.

Ricardo toma la pulsera y se la pone, mientras recuerda, llorando, todos esos bellos momentos que vivió con su hijo. Pero de pronto comienza a escuchar una especie de música, parecida a un canto gregoriano y entre ese alboroto una voz comienza a decirle: “Hazlo, vamos, hazlo, sabes que quieres hacerlo; es momento de demostrar cuánto nos amas. Hazlo, hazlo, sólo corta tu garganta y pronto estarás con nosotras, disfrutando. Hazlo, hazlo, ¡HAZLO! Y el detective siente unas ganas inmensas de hacer lo que le dice la voz, y va a la cocina, agarra un cuchillo y se lo lleva lentamente al cuello…

¡NO!, grita mientras tira el cuchillo, cierra sus ojos y se arranca la pulsera…

Y aún sin entender escucha otra voz detrás de él: “Los adolescentes son más fáciles de manejar, son tan vulnerables”. Voltea y se encuentra a Minerva frente a frente, quien continúa diciendo: “Descubriste nuestro plan y eres un tonto adulto, tendremos que hacer algo contigo”, mientras Ariana y Karina se manifiestan, convertidas en seres horribles, mitad mujer y mitad pez; ellas, sin reparo, lo toman de brazos y piernas, a la par de Minerva, quien comienza a recitar un canto extraño…

Y de pronto, de entre las penumbras surge una criatura aún más horrible: parece ser una mujer pero mezclada con pez, pulpo y serpiente, quien toma a Ricardo del cuello y dice, con voz espectral: “Gracias muchachas, los niños son muy dulces pero los adultos son de sabor único. Sus almas son tan deliciosas”, y así, acercando su horrible boca a la cara del detective, comienza a sacar un líquido negro de ella, que lo envuelve y va asfixiándolo, hasta que cae, muerto en el piso y las 3 hermanas junto con la misteriosa criatura desaparecen, riendo y cantando de gusto y placer.

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jueves, 31 de octubre de 2024

Reunión familiar (historia de terror)


Ha comenzado la reunión familiar. Estoy seguro de que una buena cena amenizará las rencillas que tenemos desde hace años.

Ya desde temprano me puse manos a la obra en esta rica cena.

Ya desde muy de mañana, mi hermosa madre y yo nos pusimos a trabajar en esto para sorprender a todos. Gracias madre, todo esto no hubiera sido posible sin ti.

Ha llegado la abuela, quejándose de todo, cómo siempre: mi casa, mis cosas, nada le parece. Refunfuña y refunfuña pero igual le beso la frente y la siento al frente de la mesa, como la buena matriarca que es.

Ha llegado el tío Rodolfo, todo alterado porque de nuevo lo busca la policía. Este buen hombre no entiende que robar es malo.

Ha llegado la tía Patricia, alterando a los presentes con sus gritos, pues dice que oye voces que le dicen que demonios la persiguen. Pobre mujer, tantos años con pastillas y aún no se cura.

Han llegado Patricio y Andrea, mis adorables primitos, dispuestos a hacer destrozos en mi ya desordenado terreno. Ay, criaturitas, ¿qué podría hacer para que quietos estén?

Y cerezeando el pastel, entra mi papá, preguntando, asustado, por mamá…

“Ahorita viene”, le digo, intentando tranquilizar sus achaques de hombre divorciado al que aún le importa esa mujer a la que maltrató y engañó tantos años, ¿qué irónico, no?

Sólo yo estoy tranquilo, entre tanta tempestad.

Traigo de la cocina el delicioso platillo que con amor para todos preparé…

Y van poco a poco, sin autocontrol, devorando tal manjar.

“Qué rico”, “delicioso”, “al fin haces algo bueno”, “quiero más”…

Lindas palabras que endulzan mis oídos carcomidos por tantos años de insultos.

¿Y tú madre?, ya todos comimos menos ella, preguntan todos, casi en cadenita.

Tranquilos, ella ya está aquí, desde anoche está conmigo, nos la hemos pasado de maravilla.

“Pero tu madre te odia”, dice la abuela, mascando un pedazo de carne con su débil dentadura postiza.

“Eso se acabó”, le contesto, mientras voy a la cocina por el postre.

“Miren, un rico pastel, también hecho por mí”, les digo, al ponerlo al centro del comedor.

Y ni si quiera esperan a que repose lo que acaban de comer… le entran con todo al delicioso pastel de vainilla.

“Pues todo estuvo muy rico, al fin puedo decir algo bueno de ti”, dice la abuela.

“Sí, todo muy bien, pero yo quiero quedarme aquí hasta que esos bastardos dejen de buscarme”, comenta Rodolfo.

“Todos se quedarán aquí, familia, hoy los quiero sólo para mí”, contesto regalándoles la mejor de mis sonrisas.

“No, no, las voces dicen que eres malo”, replica Patricia.

“Queremos jugar con tu gatito”, dicen los primos, mientras sacan cada uno de entre sus ropas una navaja.

“A Michito le encantará pasar tiempo con ustedes, hermosos”, les digo, con total alegría.

“Hijo, todo muy bien, pero yo necesito ver a tu mamá”, exhala, casi suspirando papá.

“Está más cerca de lo que crees”, digo, tratando de tranquilizarlo otra vez.

“Y bueno, ¿para cuándo haces otra de estas ricas cenas?, inútil”, pregunta, muy cariñosa la abuela.

“Nunca, familia, porque madre sólo hay una”, les contesto, mientras contento contemplo cómo van cayendo dormidos uno tras otro, por las pastillas que puse en el pastel.

Me espera otro gran banquete para Navidad, a los parientes lejanos les fascinará.

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