miércoles, 29 de junio de 2022

Duendes (historia de terror)


* Cristina y Alfredo esperan con ansias la llegada de su primer bebé; han comprado un montón de cosas para la criatura que viene en camino, la cual, ya saben, será un niño. Se ven muy felices; se han encariñado demasiado con su futuro hijo, lo cual es absolutamente normal.

* Por fin ha llegado el día... después de varias horas de parto, ha nacido Iván; le han puesto así por su abuelo, el padre de Alfredo.

* Después de varios días en el hospital, debido a una complicación leve que tuvo Cristina durante el alumbramiento, han vuelto a casa; la ahora familia es muy feliz; los padres lloran de emoción y el bebé les sonríe tiernamente.

* Ha pasado el tiempo, las cosas no andan bien; se siente en la casa un aura negativa, hecha de tristeza, enojo e inquietud, sin algún motivo aparente, pues, aunque es cierto que los jóvenes se ven muy atareados con todo esto de ser padres, ello no es motivo real para sentirse de esa forma.

Ese extraño derramamiento de energía negativa es acompañado por sucesos raros que "sacan de onda" a Cristina y Alfredo; por ejemplo, desaparecen dulces de la cocina, se pierde el control remoto de la televisión y pequeños objetos, como las llaves del auto, se esfuman al anochecer, del lugar en donde se dejaron, y después, a la mañana siguiente, vuelven a aparecer, pero en otro sitio.

* Esta mañana, la pareja ha puesto "el grito en el cielo", pues desapareció su bien más preciado: Iván; no saben cómo, no saben por qué; corren a buscarlo por todos lados, incluso en los lugares más recónditos de la casa, pero no lo encuentran; no pueden entender cómo un bebé de semanas pudo haber salido solo de su cuna, es ilógico; sospechan de un robo o secuestro y llaman a la policía, pero como siempre, ésta deja mucho qué desear sobre su aptitud, al decirles que no pueden hacer nada al menos hasta que pasen 72 horas después del último avistamiento del pequeño.

* Ya ha pasado una semana y aún no hay pistas sobre el paradero de Iván; la policía ya interrogó a todos los conocidos del matrimonio y ha hecho otras diversas investigaciones e hipótesis sin resultado aparente.

Al caer la noche, Alfredo se encuentra en la sala, sentado en su sillón favorito, aún pensando y haciendo sus propias teorías tras la desaparición de su primogénito, mientras Cristina intenta descansar, recostada en la cama de su habitación, aún sollozando por la situación.

Entre tanto pensar y pensar, Alfredo empieza a dormitar, pero un estruendo en la cocina lo despierta bruscamente... tal pareciera que algo allí se cayó. Él decide investigar qué es lo que pasó, tranquilizando a Cristina, gritándole que ya va a averiguar qué es lo que sucedió.

Al entrar allí, encuentra vasijas tiradas, y mientras se dispone a recogerlas, siente que algo le toca una de sus piernas; baja la mirada a donde sintió aquello, pero no encuentra nada; sigue levantando los trastes, mientras piensa que aquello es raro, pues no tienen alguna mascota que haya podido hacer el escándalo ni tocarle la pierna; y de pronto, siente un pequeño golpe en su espalda y escucha algo caer detrás de él... rápido voltea y mira al suelo, percatándose de que aquel objeto es una piedra; el joven, confundido, sale de la cocina para averiguar qué pasó; es obvio que alguien debió haberle lanzado la piedra, pero en casa sólo están él y Cristina, quien, supone, ya está dormida, y además no cree capaz de andar jugando bromas en medio de tales momentos de tensión; no encuentra a nadie, y aún más confundido regresa a la cocina para terminar de recoger el desorden, pero antes de entrar se percata de que adentro hay algo moviéndose, pues puede ver claramente una sombra en el piso; decide esperar a que aquello que hace la sombre salga del lugar...; después de un largo tiempo, un ser diminuto con rasgos humanos, vestido completamente de negro, sale de allí y mira a Alfredo, temeroso, mientras sostiene en sus manos un par de galletas; Alfredo, aterrado, no cabe en sí mismo de todas las emociones encontradas que siente, y cuando se dispone a decirle algo al ser, éste corre en dirección al sótano; Alfredo lo sigue y mira como el ente, con una fuerza sobrehumana, mueve una caja muy pesada que se encuentra en el lugar, revelando un pozo que, supone, es un túnel que va hacia afuera de la casa; nuestro protagonista, guiado por su instinto, sale de la casa, revisando todo el jardín, hasta que encuentra el otro lado del túnel, el cual hacia presencia al lado de un pequeño cuarto que estaba en el terreno desde antes de comprarlo y al cual nunca derrumbaron, pues no lo consideraban estorboso; cuarto que era propiedad de los antiguos dueños del predio, dueños que vendieron el mismo a una cantidad casi de regalo y después, simplemente, desaparecieron; Alfredo, desconcertado, recuerda que sólo ese cuarto les faltó por revisar, pues no hay llave para acceder a él y como no escucharon ni un solo ruido provenir de él, las autoridades decidieron pasar por alto en la investigación; mientras está inmerso en dudas, el pequeño ser sale del hoyo antes descrito, y con una sonrisa macabra, apuntando con su mano esquelética al cuartucho, comienza a reír y a burlarse de Alfredo, quien intenta atraparlo, pero el monstruoso ser resulta ser muy escurridizo; viendo fracasado su intento de capturar a la criatura, nuestro agobiado padre decide investigar en el cuarto, tumbando la puerta con un hacha que siempre dejaba en el jardín, por si alguna emergencia lo requería; y al adentrarse ahí, no puede creer lo que encuentra: allí está Iván, el cuerpecito de Iván, completamente destrozado, con los intestinos sacados de su cuerpo y metidos en su boquita, como en un intento de hacérselos comer (o quizá signifique otra cosa)...; atónito y destrozado, nuestro desconsolado padre, entra en llanto, abrazando al pequeño cadáver de su bebé; inmerso en su dolor, comienza a reflexionar y asume que ese ser horrible que se burló de él, es el culpable del homicidio de su hijo, y comienza a maldecirlo, mientras corre con los despojos de su niño hacia afuera del cuarto; y en medio de sus gritos llenos de ira y resentimiento, escucha un grito salir de la casa… ¡ha sido Cristina!...; aún más nervioso y enojado, con mucho miedo recorriendo su interior, corre a la casa, para auxiliar a su mujer, en lo que sea que, él piensa, le ha hecho el ser asesino. Al llegar a la sala encuentra a su amada esposa, tirada en el piso, quejándose de dolor, ¡pues le han arrancado los ojos!; completamente asqueado, aterrorizado y devastado, se dispone a auxiliar a su mujer, aún con lo que queda de su hijo entre sus manos, pero de pronto siente un dolor terrible en su pierna… ¡le han clavado un cuchillo!... y sin quererlo, no aguanta más y cae también, derrotado, a merced de un grupo de seres similares a aquel que, ahora está seguro, mató a su hijo…; todos ellos con rostros infernales, mostrando muecas de burla, balbuceando cosas inentendibles para el oído humano, mientras aparece al frente de ellos aquella criatura perversa, artífice de todo el dolor de Alfredo, sosteniendo una navaja, acercándose lentamente a él...

* Han pasado varios días desde lo sucedido aquella noche. La policía, al no tener noticias de la pareja, decide visitarlos, sin imaginar lo que encontrarían…

Tocan varias veces la puerta del domicilio, pero nadie abre; uno de los vecinos del matrimonio les comenta que los esposos no han salido de su casa en días y que, desde hace algo de tiempo, un olor pestilente sale de la finca, por lo que estuvo a punto de contactar con ellos para hacerles ver el problema.

Gracias al testimonio del vecino, la autoridad decide entrar a la casa, sospechando lo peor, pero lo que encuentran resultó aún más aterrador que todo lo imaginado:

En la sala, sobre el largo sillón que la pareja tenía en medio de la misma, estaban los cuerpos de Cristina, Alfredo e Iván…; Cristina yacía sin ojos y con una gran herida en su cuello, Iván con sus propios intestinos saliendo de su boquita y Alfredo, con varias puñaladas en su pecho, una herida en su pierna y sosteniendo los ojos de Cristina en sus manos… pero lo peor fue ver su rostro, pues se dibujaba en él una sonrisa falsa, seguramente hecha con algún tipo de navaja (algo así como el Joker de “Batman, el caballero de la noche) (haciendo con ésta un corte desde la comisura de los labios, hasta las orejas; se le denomina “La sonrisa de Glasgow”)… y sobre él se encontró una nota que decía: “El bebé no nos dejaba dormir”, escrita con, lo que parecía ser, sangre.

* La conclusión del caso fue que Alfredo, por alguna razón se volvió loco y asesinó a su familia; lo sucedido fue tan espeluznante, que los investigadores llegaron a esto y dieron carpetazo al asunto, terriblemente perturbados, sin hacer más averiguaciones; era ilógico que Alfredo pudiese hacerse tantas heridas solo, pero bueno, pensaron que era mejor dejarlo así, por falta de pruebas de la existencia de otro implicado.

* Pasan los días y la casa comienza a ser habitada de nuevo, por familiares de Alfredo, quienes comienzan a notar que sus cosas empiezan a desaparecer o a cambiar de lugar.

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